skip to main |
skip to sidebar
El toro de Creta era blanco y salió de las aguas del mar. El rey de Creta, Minos, prometió sacrificarlo en los altares de Poseidón, el dios de del mar, pero quedó tan impresionado por su magnificencia que no pudo cumplir su promesa. Entonces Poseidón se vengó haciendo que el toro enloqueciera y se volviese muy malo.
Euristeo mandó a Hércules que le trajera el toro vivo.
Cuando llegó a Creta se fue a buscar al toro sin armas, lo único que llevaba eran unas cadenas de bronce para inmovilizar al animal.
Cuando Hércules iba por un sendero se encontró con el animal. El toro se fue para él paro pudo esquivarlo. El toro se volvió y cuando fue a envestirle y estaba cerca saltó sobre sus cuernos y se subió a su grupa. Le agarró por los cuernos y tiró hacia atrás hasta que que lo derribó. Le ató las patas con las cadenas y se lo echó a la espalda para llevarlo hasta Euristeo.
Euristeo quiso sacrificarlo en el templo de Hera, pero Hera rechazó la ofrenda. Entonces lo soltaron en la llanura de Maratón, cerca de Atenas y allí siguió matando hasta que Teseo lo mató.

En el lago Estínfalo vivían unas aves que se alimentaban con carne humana. Eran enormes y tenía cabeza de serpientes, unos afilados colmillos y unas garras muy poderosas de bronce. Estas aves, cada vez que veían un presa arrojaban desde sus alas una lluvia de plumas puntiagudas.
Euristeo le encargó a Hércules que acabara con estos pájaros. Así que marchó con sus arco y sus carcaj. Cuando encontró el lago, se metió en él y cuando tenía el fango a la altura de la cintura se esperó a que se acercran los pájaros para disparales. Pero se dio cuenta que así no podría acabar con ellos y dijo en voz alta: "¿Qué puedo hacer?"
De repente ayó una voz de mujer que le dijo que le ayudaría. Esta mujer era Atenea, la diosa de la sabiduría. Ella llevaba una lechuza y una especie de sonajero.
Le dijo lo que tenía que hacer. Le dijo que subiera a lo alto de risco y agutara el sonajero que suena como el crujido de una gran llamarada. Cuando los pájaros lo oyeron salieron despavoridos y entonces aprovechó para disparales con sus flechas. Mató a muchos pero otros huyeron.
Según cuentan, se han visto algunas aves en en la isla de Ares en el Mar Negro.

Euristeo le encargó que limpiara los establos del Rey Augias en un solo día. Limpiar este establo no era fácil pues el rey tenía miles de ovejas y vacas, cientos de toros y además no se limpiaban desde hacía muchos años.
Cuando Heŕcules llegó le dijo al rey que limpiaría su establo en un día y el rey se rió y le dijo que si lo conseguía le regalaba la mitad de su reino.
Hércules pensó un plan: Cogió piedras para levantar un presa en los ríos cercanos y unir sus cauces para que pasaran por los establos. Así que a medio día ya había terminado. Pero el rey no quiso darle la mitad del reino pues decía que le habíasn ayudado los dioses.
Para el siguiente trabajo, Euristeo le mandó a Hércules que capturara a un jabalí gigantesco de colmillos afilados que destruía las aldeas del monte Erimanto. Le ordenó que le trajera la fiera viva.
Hércules cogió su maza su carcaj con flechas venenosas. Cuando Hércules iba de camino al monte Erimanto pasó por el país de los centauros que estaban gobernadaos por Quirón. Se pusieron tan contentos que comenzaron a beber vino para celebrarlo, pero con tanto vino los centauros se pusieron muy violentos y Hércules tuvo que defenderse usando sus flechas. Desgraciadamente, una de las flechas herió a Quirón. Entonces Hércules se pudo muy triste e intentó curarle pero no servía de nada.
Hércules siguió su camino con lágrimas en los ojos y sin ganas. Cuando llegó al monte vio unas huellas de jabalí en la nieve. No podía matarlo así que le tendió una trampa. Decidió perseguirle y el jabalí se cansó, entonces Hércules empezó a correr agitando su maza y el jabalí se asustó, retrocedió y cayó en un hoyo. Lo ató con unas cadenas de hierro.
Cuando Euristeo vio llegar a Hércules con el jabalí salió huyendo y se escondió dentro de una tinaja y no volvió a salir hasta que no se aseguró que el jabalí había muerto.

El siguiente trabajo de Hércules era cazar la cierva dorada del monte Cerinia. Esta cierva tenía los cuernos de oro y las pezuñas de bronce y era más grande que un toro. Ella vivía con cuatro machos, pero un día Artemisa decidió cazarlo y escapó la hembra. Se refugió en el monte Cerinia y desde entonces Artemisa la protegía.
Hércules la estuvo persiguiendo durante un año, pero ya se cansó y un día la cierva se paró para beber y Hércules le disparó con su arco y le dio entre los huesos y los tendones de su pata sin sangrar.
La llevaba a cuestas y le salió un mujer en el camino. Le amenazó que si había derramado sangre moriría. Esta mujer era la diosa Artemisa. Él le dijo que fue Euristeo quien le mandó que cazara la cierva. Ella comprobó que Hércules decía la verdad y le pidió que cuando le enseñara la cierva a Euristeo la pusiera en libertad y así lo hizo.

El segundo trabajo de Hércules era matar a un ser parecido a un dragón con siete cabezas que vivía en la laguna de Lerna. Era un ser muy letal, su aliento envenenaba y mataba.
Quería ir él solo pero le quiso acompañar Yolao, su sobrino. Cuando llegaron a la laguna Hércules entró en la laguna. Le lanzó flechas y la Hidra se enfureció pero Hérculos aguantó la respiración. Empezó a cortarle cabezas, pero le volvían a salir. Hera le observaba y decidió mandar a dos cangrejos pero de un pisotón los mató.
De repente le gritó a Yolao y le dijo que encendiera un fuego y que cada vez que cortara una cabeza le quemara la herida. Y así acabaron con ella, después la enterraron.
Pero Euristeo dijo que no le podía dar el trabajo por válido porque le habían ayudado. Entonces él dijo que volvería a la laguna, desenterraría a la Hidra y la traería a Micenas. Y así le dio el trabajo por realizado.
PRIMER PREMIO DE DISFRACES
Los alumnos de 1º de ESO hemos participado en el concurso de disfraces del Insti-carnaval representando la vida en el Antiguo Egipto y hemos conseguido el primer premio.
Tenemos que dar las gracias a nuestros profesores, Paqui Paredes y Pedro Rudilla, por habernos ayudado en todos los preparativos.